

Bernardo Ramonfaur / Ruta Alterna /
2015
El contraste social que existe en la ciudad de Monterrey, es muy marcado y evidente, y aunque se caracterice por ser una ciudad industrial y con poder adquisitivo, esto solo es cierto para una parte de los habitantes, ya que existe otra gran parte que vive en un Monterrey de alguna manera negado. Por un lado, desde medios oficiales, no oficiales, y desde el imaginario colectivo, se pretende dar una imagen del regiomontano cómo de éxito y progreso, y así se evita esa realidad latente de muchas personas que viven en condiciones de pobreza y/o marginación.
La Movilidad Urbana guarda una estrecha relación con los problemas sociales de las ciudades. En este caso (Monterrey), podemos observar como la movilidad es un reflejo también de la situación social y de la cultura en general, y se puede percibir como los espacios públicos y la idea movilidad que se ha manejado en la planeación de la ciudad, reflejan y contribuyen a la marginación y exclusión social.
Un ejemplo claro y evidente es que la mayor parte del presupuesto gubernamental, y de manera desproporcionada, se ha privilegiado en los últimos años al auto privado, en lugar de promover y mejorar el transporte público así como otros medios de transporte, y es algo alarmante, por el hecho de que más de la mitad de los habitantes de Monterrey no se transportan en auto privado, y aún así, no se les ha tenido en cuenta.
La relación que guarda la movilidad con la marginación social, tiene que ver principalmente con el hecho de que al no contar con una sana movilidad, es decir, si se siguen centrando todos los esfuerzos en mantener el modelo de primacía del auto privado, se impone una dinámica excluyente, en dónde quien tiene auto, se ve beneficiado y quien no lo tiene, sale perjudicado, ya que la ciudad se ha planeado para los primeros, y a los segundos (los que no tienen auto), son siendo excluidos en el sentido de que no tienen las mismas posibilidades de desplazamiento en la ciudad, y esto complica aún más el salir de situación de pobreza que muchas de estas personas padecen. Esto produce una desigualdad de oportunidades que es producto de una desigual e impuesta forma de desplazarse.
Cabe mencionar que no se implica aquí que el tener auto signifique no ser pobre y visceversa, el no tener auto no significa ser pobre, sin embargo, a diferencia de otras ciudades mucho más avanzadas en cuanto a movilidad se refiere, Monterrey mantiene aún esa falsa idea que relaciona bienestar / éxito / auto privado, y en parte también por ello, por esa cultura, es que se sigue manteniendo y promoviendo casi exclusivamente su uso.
Si no se toman medidas que reviertan la situación expuesta, se mantendrá esa condición de marginación y se mantendrán también los problemas que esto acarrea, como inseguridad, violencia, daños a la salud, entre otros.
Movilidad y Marginación
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