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Una colaboración sobre el día de la bici
Y sin embargo se mueve ...

En punto de las 9 am tomamos nuestras rilas con dirección al centro. Jorge Isaac, Armando y Alejandra habían planeado semanas antes una rodada para conmemorar el día de mundial de la bicicleta que se celebró el pasado domingo 19 de abril.
Alejandra Zapata, —como todas las personas que hacen lo que les apasiona y merecen admiración— es una chica emprendedora y fresca que abandonó su trabajo de maestra para dedicarse a la repostería. Su negocio es una pequeña pero acogedora cabaña al sur de la ciudad donde ofrece a sus clientes variedad de postres gourmet y diferentes tipos de café. Hace unos meses, surgió la idea de proyectar a productores locales organizando un mercado artesanal en su establecimiento. Hoy en día, lo que nació como algo vago y abstracto, reúne a varios creadores y artistas un domingo por mes. En esta ocasión, la bici y las ganas de convivir, fusionaron causas.
Jorge Isaac Martínez y Armando Caballero, por su parte, son miembros fundadores de Bici caracoles, un colectivo de ciclismo urbano que apuesta por el uso de la bicicleta como medio de transporte. La dinámica del grupo —a diferencia de algunas organizaciones ciclistas en Monterrey— se trata de impartir sesiones una vez a la semana a interesados en adquirir las habilidades para transportarse en bicicleta sus escuelas, trabajos o cualquiera que sea su actividad cotidiana. La finalidad de Bici Caracoles no radica sólo en el ciclismo visto desde el aspecto deportivo-recreativo, sino en incentivar el uso de la bicicleta como una alternativa de movilidad.
Todos con domicilio en el sur de la ciudad, nos dirigimos hacia el punto de encuentro para iniciar la rodada: la Alameda. Al llegar, Pamela y su mamá, la señora Betty Gamboa, nos esperaban con sus bicis y cascos listos. Entre las pláticas para romper el hielo, me enteré que la madre de Pamela tenía tiempo sin subirse a una bicicleta y pidió se le considerara en el trayecto por aquello de las pendientes. — ¿Te imaginas? pensar que los llevaba en bici a la escuela— me contó volteando a ver a su hija con una sonrisa que delataba nostalgia. Más allá de lo anterior, a Betty se le veía contenta al recordar la época en que trasladó a sus hijos de un lugar a otro en la parrilla que le adaptó a su antigua bicicleta.
Pero sobre todo, su expresión nos contagiaba la alegría de retomar su pasado cletero. Minutos después se sumó Xavier al contingente y comenzó la pedaleada. La ruta, de aproximadamente 6 km, consistió en circular Pino Suárez hasta llegar a Melchor Ocampo para incorporarnos a la plaza multitudinaria Zaragoza, vía por la que cruzamos el río Santa Catarina. Así, pues, llegamos a las calles de la colonia Independencia y Nuevo Repueblo a un ritmo cómodo que ni los baches fueron factor para disminuir el ánimo. Para fortuna de este grupo de ciclistas urbanos, un domingo impecable de primavera se asomaba por las calles de Monterrey.
En el punto de llegada, Queremos Pastel by Ale Zapata —popularmente conocido como “La cabañita”—, ya nos esperaba con bocadillos y jugos de naranja cortesía de Danie Sat, uno de los expositores del mercado. Con iniciativa y un poco de voluntad los productores locales que participaron este domingo, pusieron a la venta sus productos en la citada cabañita ubicada en Río Pánuco casi esquina con Arroyo Seco, por sexta ocasión. La participación de Bici Caracoles con la actividad titulada: Imagina tu ciudad en bici terminó de redondear el proyecto del mercado artesanal. El colectivo, —recientemente incorporado a la Red Nacional de Ciclismo Urbano — se sumó a la tarea que la BiciRed llevó a cabo de manera simultánea en todo el país con la intención de conmemorar el día mundial de la bicicleta. Imagina tu ciudad en bici es un esfuerzo por sensibilizar a los pequeños y crear conciencia sobre los beneficios que aporta el uso ésta como medio de transporte. A los niños que participaron en la dinámica se les pidió que plasmaran en una hoja de papel cómo sería Monterrey con menos autos y más bicicletas. Varios pequeños acompañados de sus papás que caminaban por las calles de la colonia o visitaban alguno de los establecimientos contiguos a la cabaña, hacían parada obligada en el espacio participando curiosos y entusiastas. Dibujos de bicicletas que reflejaban sus inquietudes y personalidades. Dibujos también, que expresaban el regionalismo a flor de piel. Como el de Marcelo, uno de los pequeños que en su colaboración no olvidó trazar el imponente cerro de la silla al costado de una bicicleta. Niños de diferentes familias, portando playeras de Tigres o Rayados (sin importar el resultado del clásico de la noche anterior) colaboraron entre sí. Al concluir la actividad, quedaron a exhibición las aportaciones para que los asistentes pudieran conocer sus propuestas. El efecto de alguna forma pretextado por la bicicleta y el mercado, suscitó una convivencia en el espacio público y sobre todo la
generación de comunidad. Lo último, factor indispensable para la construcción de una urbe más humana.
Labores como la de Alejandra, Jorge y Armando estimulan una convivencia ciudadana más incluyente y participativa. Una tenue —y no por eso menos importante— transición se visibiliza en Monterrey. Dejando a un lado estadísticas y estereotipos, la ciudad, sin embargo, se mueve.
Griselda Cruz

Monterrey / 21 / Abril / 2015
Por: Griselda Cruz LópezPeriodismo, edición, escritura y gestión cultural
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